¿Qué pasaría si les dijera que es posible hackear y vulnerar todo un sistema de un hospital, con solo una gota de sangre? ¿Me creerían? La verdad es que es posible hacerlo y ya se han hecho pruebas para comprar estos hechos.

Cada vez vemos más tecnología “wearable”, como los Smart-watch, fitness bands, hasta marca-pasos electrónicos. Pero el siguiente paso es prescindir de estos objetos y hacerlo mejor y más pequeño, a través de implantes sub-cutáneos.

¿Cómo serían nuestras vidas si no tuviéramos que cargar con todos nuestros documentos de identificación siempre? ¿O realizar pagos bancarios solamente con enseñar nuestra mano? Todo esto cada vez se está volviendo una realidad.

Los hackers, ahora conocidos como “Body-Hackers” son expertos en vulnerar este tipo de sistemas, ya que muchos sistemas dependen de ondas de radiofrecuencia. Muchas empresas están considerando esta tecnología para sus empleados, para evitar suplantación de identidades o que pierdan la credencial y no puedan acceder. Pero también implican una posible brecha de seguridad, ya que algunos hackers pueden acceder a edificios y áreas restringidas que requieran acceso a través de tecnología RFID, haciendo uso de implantes en el cuerpo para generar ondas de radio y poder entrar a estas áreas restringidas.

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Ahora, este tipo de acciones ya se han visto antes, pero lo que es algo nuevo, es lo que mencioné al principio de este artículo, hackear un sistema con una gota de sangre.

Siempre hemos pensado que modificar el ADN de forma maliciosa es para crear un arma biológica que pueda crear una enfermedad o una toxina, pero… ¿Escribir un código malicioso en el ADN? Sí, es muy posible.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Washington se dio cuenta de esto, y el proceso es el siguiente:

El ADN está compuesto por nucleótidos que son 4 moléculas orgánicas: Adenina, Timina, Citosina y Guanina, o ATCG. Estas 4 letras se van secuenciando en distinto orden y frecuencia a lo largo de distintos genes en las cadenas enlazadas, conocidas como las dobles hélices.

Entonces, cuando se traslada el ADN a secuenciador, traslada las secuencias “ATCG” a un formato digital llamado FASTQ, este archivo pesa varios gigas por lo que normalmente se suele comprimir. Entonces, al momento de modificar algunas letras del secuenciador de ADN, es posible tener una vulnerabilidad en el secuenciador, causando que el equipo este comprometido. Muchas empresas ya están notificadas de este tipo de actividades, y empezarán a tomar acciones, pero es algo difícil prevenir, ya que solo es posible darse cuenta cuando el secuenciador descomprima el FASTQ.

Así que pronto estaremos escuchando más seguido el término de Bio-hackers.

 

 

 

Escrito por Juan Pablo Cerón, Ingeniero de seguridad

 

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